9 ene. 2010

SUEÑO

Aunque me obligue a escribirte, te escapas. En tu boca se almacena el eco de mi incertidumbre. Tu saliva trasnochada modula mi discurso onírico, y una fuerza inconsciente me insta a cargarte de nombres para entenderte, para que mis ojos puedan sostener tu sombra de signos y seas visible a mi deseo, y pueda sujetarte y gritarte que me esperes, que no se desvanezca tu imagen en mi sueño, que te quedes fijo en las paredes de mi lenguaje y ya no seas pretexto de estructura sino esencia de mi contenido, que seas agua de mis palabras, que no seas sólo mi sed, sino mi río abastecedor de nada.

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